JOHN MYNARD KEYNES … ¡vive!

INTRODUCCIÓN
Antes de pasar al tema central que quiero desarrollar, y que tiene que ver con el título de este artículo, permítaseme hacer una breve introducción filosófica; no en vano la Filosofía es el origen de todas las ciencias, (así me lo enseñaron los excelentes profesores que tuve y a los que seguramente no hago la debida justicia en relación con su esfuerzo por enseñarme), mediante una pregunta simple, pero no por ello menos poderosa a la hora de retar a la mente humana … ¿por qué?.
Muchas han sido las ideas, de todo tipo, que han sido expuestas a la humanidad desde el comienzo de los siglos intentando contestar a esa interrogante en todos los campos del saber y muchos los seres humanos que las han ido madurando.
Sin embargo, las hay que han resistido el embate desgastante de la edad y continúan vigentes y vigorosas en la actualidad así como sus patrocinadores pues las personas creen en ellas.
Ahora bien, y aquí llegamos a un punto importante, la acción de creer o no creer está basada o bien en el convencimiento o bien en la fe.

    • El convencimiento proviene de esa capacidad que los humanos poseemos y que nos hace diferentes al resto de la Creación: la de razonar. Esa capacidad de razonar, reforzada con la observación de los hechos, nos lleva a entender las cosas y con el entendimiento llega el convencimiento.
    • Tener fe es aceptar la palabra de otro, entendiéndola y confiando que es honesto y por lo tanto que su palabra es veraz. El motivo básico de toda fe es la autoridad (el derecho de ser creído) de aquel a quien se cree. Esta reconocimiento de autoridad ocurre cuando se acepta que él o ella tiene conocimiento sobre lo que dice y posee integridad de manera que no engaña. Es claro que normalmente la fe la empleamos de forma prioritaria en las cuestiones relacionadas con la religión, que no pueden ser comprendidas en base a la razón.

Dicho lo anterior, es evidente que en economía no es la fe sino la razón la que ha movido las diferentes teorías y corrientes que en el mundo han sido y que es la razón la que puede poner al descubierto las bondades o fallos de las mismas.

LA ECONOMÍA
La economía posee dos componentes ciertamente contrapuestos ya que si uno de ellos, los números, entran dentro de la ciencia exacta; el otro, los seres humanos, estamos claramente fuera de todo atisbo de exactitud en cuanto a nuestro comportamiento se refiere. Como decía Ortega y Gasset: “Yo soy yo y … mis circunstancias” y esas circunstancias que nos rodean, y que son altamente variables, nos hacen perfectamente impredecibles.
Esas circunstancias son de todo tipo ( carácter, educación, costumbres, religión, tecnología, etc.) y en base a ellas se produce nuestra actuación y se producen las ideas que mencionaba al principio.
Así por ejemplo, Adam Smith al que consideramos el padre de la Economía y cuyas teorías (la división del trabajo, entendida como especialización de tareas, para la reducción de costes de producción, el libre comercio y la “mano invisible”) son la base en la que descansan los argumentos de los actuales defensores de la Globalización, es claro que las impulsó en el contexto de la sociedad en la que le tocó vivir (S. XVIII) en la que, por ejemplo, no existían los avances tecnológicos de la actualidad que evidentemente han desvirtuado en bastante medida la especialización del trabajo y lo han hecho más parejo.
Así mismo, la “mano invisible” es hoy día una teoría ingenua si la contrastamos con la realidad de los hechos que hacen evidente la creciente concentración de las empresas y con ella la reducción de la competencia. Mas bien deberíamos hablar de una “mano invisible” que propicia justamente lo contrario de la de Smith. En mi artículo ECONOMÍA y ECONOMISTAS, ¿ESTAMOS EN EL CAMINO CORRECTO? ya exponía sobre esta problemática y no ahondaré aquí en el tema.

En los últimos tiempos, el neoliberalismo es la doctrina económica predominante y una de sus premisas más importantes es la de la no intervención del Estado: El poder político no debe, según ellos, tener influencia alguna en los movimientos de capital y los negocios de las multinacionales, aunque ello vaya en detrimento del propio país que lo permite.

Parece que los artículos de fe del neoliberalismo quedaron plasmados en el llamado “Consenso de Washington” y los hechos tras su implementación (Enlace 1) se han empeñado en demostrar, salvo excepciones que no hacen sino confirmar la regla, que esas ideas han sido un fracaso colosal y un timo despiadado a las grandes mayorías mundiales, que se debaten en una pobreza que va en aumento y que en los últimos tiempos está produciendo movimientos de respuesta significativos en la conformación de los poderes políticos de muchos países.

El Estado no puede ser un convidado de piedra en el devenir de un país. El Estado nace precisamente por la necesidad de los individuos de unir sus fuerzas para conseguir objetivos que individualmente serían inalcanzables y para actuar como redistribuidor de la riqueza (obsérvese que no hablo de expropiador) y como árbitro en las relaciones societarias (no me refiero a las sociedades mercantiles, sino que a la sociedad con mayúsculas formada por todos los ciudadanos) de todo tipo que preserven la igualdad de oportunidades.

La iniciativa privada es necesaria, pero no podemos engañarnos al respecto, … se mueve por la avaricia; y ese no es el mejor motor para dar respuesta a muchos de los problemas que aquejan a la sociedad mundial.
¿Puede quedar la vida humana a merced de la avaricia?, en lo personal opino que no y por ello me pregunto:

    • ¿es moralmente aceptable la privatización de la salud, de la educación, de los servicios de agua, luz, comunicaciones, obras públicas, etc.?.
    • ¿deben morir los pobres por el hecho de serlo y no poseer recursos económicos para acudir a los hospitales privados (en donde lo importante es el dinero y no el ser humano) o no recibir medicamentos de empresas que se han erigido en dioses con la capacidad de decidir quien vive y quien muere en aras de sus ganancias?.
    • ¿deben padecer sed, deben permanecer analfabetos, deben vivir a oscuras, deben de estar incomunicados los pobres por la misma razón de no poseer medios materiales?.

Como creyente, por la fe y la razón, siempre me he apoyado en la Doctrina Social de la Iglesia, que lastimosamente es poco aplicada, seguramente porque no es un Hit Parade para los neoliberales, y en ella encontramos muchas referencias de los distintos Papas en relación al tema de la justicia social, la caridad y la solidaridad [Rerum novarum – León XIII (1891) / Quadragesimo anno – Pío XI (1931) / Mater et magistra – Juan XXIII (1961) /La justicia en el mundo – Sínodo de Obispos (1971) / Sollicitudo rei socialis – Juan Pablo II (1987)]. De éste último citaré algunos párrafos significativos que pueden ayudarnos a comprender el ¿por qué? que mencionaba al principio de mi artículo.

Dice Juan Pablo II:“… Ante todo se trata de la interdependencia percibida como sistema determinante de relaciones en el mundo actual, en sus aspectos económico, cultural, político y religioso, y asumida como categoría moral. Cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como “virtud”, es la solidaridad. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinación se funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo es aquél afán de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha hablado.” , ” … El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es válido sólo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas.”

Como decía, la iniciativa privada es necesaria y estoy a favor de la misma, pero hay límites que no se deben de traspasar so pena de afectar gravemente la dignidad de los seres humanos colocando a las empresas en una situación moralmente rechazable.
Aquí, el papel del Estado (no olvidemos que el Estado lo constituimos todos) es y debe ser fundamental y no se le pueden cercenar sus competencias ni sociales ni económicas.
Las prácticas que el neoliberalismo preconiza, y que son aplicadas con un entusiasmo digno de mejor causa por diversas organizaciones internacionales entre las que destacan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, atentan de forma radical a la esencia de los seres humanos y sus derechos más básicos que ya hemos citado y han sido contestadas incluso desde adentro (Joseph E. Stiglitz).

Desde hace unos años, además del ataque al Estado, otro de los temas importantes que los anteriores han promocionado es lo que denominan “flexibilidad” en el trabajo.
Esta “flexibilidad”, en conjunción con los avances tecnológicos, ha llevado a la destrucción masiva del empleo (3) y por consiguiente a aumentar la legión de desheredados a costa de aumentar las “ganancias” de las grandes empresas.
Tal vez, aunque tarde, se den cuenta que su pecado lleva el germen de su autodestrucción (el número de quiebras va en aumento en los últimos años) ya que ese afán de “amortizar” puestos de trabajo reduce de forma dramática el número de consumidores y al fin y a la postre el corazón que mueve la doctrina neoliberal es el consumo. Así mismo, la deslocalización es el cáncer que comienza a corroer la fortaleza de las sociedades más industrializadas convirtiéndolas en gigantes con pies de barro, que en cualquier momento pueden desmoronarse.

El mundo está sufriendo cambios y no cabe duda que en los próximos años veremos muchos más si sigue la actual política económica suicida.
Cuando Keynes publicó La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero el mundo estaba sufriendo el masivo desempleo de la gran depresión. La desesperanza se extendía respecto a un orden económico que dejaba a tantos hombres sin trabajo. La economía política convencional aconsejaba nuevas deflaciones, bajas de salarios y restricciones presupuestarias, pero todos estos remedios demostraban no hacer sino agravar la enfermedad, en lugar de aliviarla. Se oían voces que anunciaban el derrumbamiento del capitalismo y que proclamaban el cumplimiento de las predicciones de Marx.

Keynes indicó el camino para una solución diferente y su trabajo proporcionó un marco teórico que contenía tanto un diagnóstico de las enfermedades económicas principales de la época, como sugerencias para su curación. Su pensamiento fue conquistando gradualmente la opinión económica y, bajo su influencia, el pleno empleo se convirtió en un objetivo que fue explícitamente apoyado por los gobernantes de muchos países y buscado mediante las políticas propuestas por él. En las décadas que siguieron a la II Guerra, las depresiones se convirtieron en los países muy desarrollados en suaves y cortas recesiones, transformación que muchos observadores han atribuido a la efectividad de la economía keynesiana.
No, definitivamente Keynes (sus ideas) no está muerto.

Miguel Miguel de Arriba

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