Fannie y Freddie: la crisis no ha concluido

Paul Krugman
Paul Krugman

¿Salvando a los prestamistas inmobiliarios se salva al mundo? Si fuera tan sencillo…

El rescate federal de Fannie Mae y Freddie Mac, las gigantescas instituciones de créditos hipotecarios, era por cierto lo que había que hacer, y además se lo hizo bastante bien. El plan sostendrá a instituciones que desempeñan un rol crucial en la economía, mientras reduce los costos de los contribuyentes y deja casi pelados a los accionistas.

Pero es necesario ver las acciones de anteayer dentro de un contexto mayor, como un intento de la Reserva Federal y el Tesoro de contener las secuelas de la crisis financiera actual. Y ésa es una lucha que ambos parecen estar perdiendo.

Ha pasado mucho desde que Alan Greenspan declaró que era “muy improbable” que hubiera una burbuja habitacional en el nivel nacional. Sin duda, existía una burbuja, y desde que estalló, hace dos años, los precios de las viviendas han caído con mayor rapidez que durante la Gran Depresión.

A su vez, la caída de los precios de las viviendas ha provocado el muy temido fenómeno de “deflación de la deuda”. Sí, deflación: los precios aumentan en la caja del supermercado, pero el precio de los valores, que es lo que importa en los balances, cae con rapidez. Tal como señaló el economista Irving Fisher allá por 1993, cuando los individuos y las empresas muy endeudados tienen problemas financieros, usualmente venden sus valores y usan lo recaudado para pagar sus deudas. Sin embargo, lo que Fisher señaló es que esas ventas son contraproducentes cuando todo el mundo hace lo mismo. Si todo el mundo vende sus bienes al mismo tiempo, la caída resultante de los precios del mercado socava la situación financiera de los deudores antes de que pueda cancelarse la deuda. Así, la deflación de los precios de los activos puede convertirse en un círculo vicioso. Y una consecuencia de lo que Fisher denominó “la estampida de ventas” es una severa depresión económica.

Eso es lo que está ocurriendo ahora, y la deflación de la deuda se vuelve aún más grave debido a que los actores financieros clave también fueron financiados: sus bienes y valores fueron comprados con dinero prestado. Tal como expresó Paul McCulley, de Pimco, inversora en bonos y acciones, en un reciente artículo titulado “The Paradox of Deleveraging”, últimamente casi todas las instituciones financieras han intentado reducir sus niveles de endeudamiento, pero la caída de los activos, no obstante, ha dejado a estas instituciones con más deuda que antes.

Y las cifras siguen empeorando. En julio de 2007, Ben Bernanke sugirió que las pérdidas subprime serían inferiores a los 100.000 millones de dólares. Bueno, las cifras registradas el mes pasado procedentes de bancos y otras instituciones financieras excedían los 500.000 millones. Y siguen aumentando.

Lo que nos lleva a Fannie y Freddie. Son las únicas grandes instituciones financieras que no se unieron a la estampida para reducir el nivel de endeudamiento, y por eso ahora son responsables de alrededor del 70 por ciento de los nuevos préstamos hipotecarios.

Pero sus cimientos financieros han sido socavados por la deflación de la deuda, a pesar de que sus préstamos eran más responsables que el promedio. (Un prestatario subprime es básicamente alguien cuyo crédito no era suficientemente bueno para calificar como solicitante de una hipoteca respaldada por Fannie o por Freddie.)

Así que era necesario rescatar a Fannie y Freddie, pues de otra manera la deflación de la deuda se hubiera agravado mucho más. De hecho, sus problemas financieros ya han causado problemas para los potenciales compradores de viviendas: las tasas de interés para las hipotecas han subido bruscamente desde principios de este año. Con el rescate federal, que alivia la presión en los balances de los prestamistas, los intereses hipotecarios deberían volver a bajar, lo cual es, por cierto, una buena noticia.

¿Pero es suficiente? Lo dudo.

La actual crisis financiera estadounidense tiene grandes similitudes con la crisis que afectó a Japón a fines de la década de 1980, que condujo a una depresión de una década que preocupó a muchos economistas estadounidenses, incluyendo a Bernanke y a quien esto escribe.

Como Japón

Nos preguntábamos si no podría ocurrir lo mismo aquí, y los economistas de la Reserva Federal idearon estrategias que supuestamente impedirían que eso ocurriera. Más que nada, se suponía que la respuesta a una crisis financiera al estilo de Japón debía involucrar una agresiva combinación de recortes en las tasas de interés y estímulo fiscal destinada a impedir que la crisis se expandiera hasta convertirse en una verdadera depresión en la economía real.

Cuando empezó la actual crisis, Bernanke tuvo una reacción agresiva en lo que se refiere a la reducción de las tasas de interés y la inyección de fondos en el sector privado. Pero a pesar de eso el crédito se volvió menos accesible, no más fluido. Y el estímulo fiscal fue demasiado escaso y mal dirigido, en gran medida porque la administración Bush se negó a tomar cualquier medida que no pudiera ser considerada una reducción de impuestos.

Como consecuencia, el esfuerzo destinado a contener la crisis financiera parece estar fracasando. Los precios de los activos siguen cayendo, las pérdidas aumentan y el índice de desempleo es el más alto de los últimos cinco años. Mes tras mes, Estados Unidos se parece cada vez más a Japón.

De manera que sí, el rescate Fannie-Freddie fue algo bueno. Pero se produce en el contexto de una lucha económica más amplia una lucha que, según parece, estamos perdiendo.

Traducción: Mirta Rosenberg

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