Neoliberales

einstein-caricatura

Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana.
Y no estoy tan seguro de la primera…
Albert Einstein

Es una pena que un medio de comunicación como Libertad Digital prostituya la palabra libertad, ya que aunque aparece en su nombre, a efectos prácticos sólo lo hace como una estrategia de marketing para atraer lectores ya que en su interior, que es lo que importa, la libertad entendida como cabida de opiniones plurales es mas bien escasa.

Su Jefe de Opinión, el Sr. Juan Rallo, raya en la intolerancia pues seguramente no aprendió el significado de esa palabra sin el prefijo negativo. ¿Por qué un medio que se autotitula “Libertad” nombra a un Jefe de Opinión intolerante?

Realmente el Sr. Juan Ramón Rallo no tiene remedio, es un caso perdido. Lo primero que se nota en TODOS SUS ESCRITOS es la petulancia con la que los redacta, que da como resultado la visión de que es el único poseedor de la verdad.

Adjunto uno de sus últimos artículos y sobre él haré mis comentarios acotados entre corchetes; aunque parece que sólo él tiene sentido común, intentaré hacer un esfuerzo para usarlo … ¡con su permiso claro!.

ooooooooooOoooooooooo

Keynesianos

Ni siquiera la ventana rota

Juan Ramón Rallo

Es bien sabido que Lord Keynes estimaba la construcción de pirámides un mecanismo excelente para la generación de riqueza. La lacra del desempleo concluiría el mismo día en que nuestros políticos fueran lo suficientemente ignorantes como para despreciar las proposiciones fundamentales de la economía clásica y suficientemente déspotas como para colocarse el Nemes de los faraones. En palabras del propio Keynes: “La construcción de pirámides, los terremotos y hasta las guerras pueden servir para aumentar nuestra riqueza, si la formación de nuestros estadistas en los principios de la economía clásica impide que se haga algo mejor”.

Trágico que esta simple receta, implementada en España por una banda de napoleoncitos sin formación económica alguna, se haya traducido en las tasas de desempleo más elevadas de Europa. Será que algo falla en el brebaje keynesiano, será que eso de colocar a las masas de parados a producir lo-que-sea a cuenta de las generaciones futuras no nos convierte en personas más ricas, sino en unos zotes que se han endeudado hasta la asfixia para adquirir algo que reputamos completamente inútil. [Es una pena que a estas alturas el Sr. Rallo todavía no se haya aprendido la fórmula del PIB y que por ello no entienda que si sus “dioses”, la empresa privada, no invierten habrá que aumentar otro sumando para que el mencionado PIB no decaiga. El consumo no es posible con la cifra record de parados, la inversión empresarial ya hemos dicho que no existe ya que la empresa privada solo se mueve cuando ve beneficios seguros pues eso del ¿riesgo empresarial? no existe y el saldo de exportaciones menos importaciones tampoco funciona en una crisis mundial; así pues, sólo nos queda uno … el gasto del Estado.
Por otra parte, el gasto del Estado tampoco es que haya que hacerlo en pirámides como menciona en relación a Keynes ya que hay muchas cosas por hacer en beneficio de la sociedad (otra cosa es que nuestros políticos sean corruptos, para ser corrupto hacen falta 2 …
¿tal vez el binomio empresario-político?, e incompetentes)]

Y sí, la falla de estas recetas que debieran merecer análoga consideración a la de frotar un billete de lotería en la chepa de un jorobado la conocen o la debieran conocer los economistas desde hace al menos 160 años. Justo la fecha en la que el gran economista francés Frédéric Bastiat publicó su famoso libro Lo que se ve y lo que no se ve donde estaba contenida la todavía más famosa falacia de la ventana rota.

En su ensayo el francés se planteaba si cuando un gamberro destroza la vidriera de una tienda está generando riqueza para la sociedad. Y la conclusión le resultaba evidente a Bastiat: el comerciante que ve destruido su escaparate demandará una vidriera nueva al cristalero con el dinero que pensaba gastarse en encargarle un traje nuevo al sastre. Al final, pues, el saldo para la sociedad de la gamberrada es que hay bienes, como los trajes, que dejan de producirse porque hay que reponer aquellos que, como el cristal, se han destruido.

Así de simple: construir una pirámide para la mayor gloria de Gallardón o Zapatero implica que los ciudadanos no podrán destinar esos recursos a adquirir otros bienes. Si bien vemos la aparente actividad que generan los Planes E, no vemos aquella otra actividad que están destruyendo. [En todo caso y usando su cita de Frédéric Bastiat (estoy totalmente de acuerdo con Bastiat en relación a Lo que se ve y lo que no se ve) habría que decir que el contribuyente no podrá gastar el dinero entregado a los bancos en comprar otros bienes o servicios. Al final, pues, el saldo para la sociedad de la gamberrada del sistema financiero es que hay bienes, como las vacaciones, los televisores, la ropa, la comida, etc., que dejan de producirse porque hay que reponer aquellos que, como el dinero, se han evaporado por los malos manejos de unas instituciones que para la mayoría de los habitantes del planeta Tierra son usureras y estafadoras pero que para el Sr. Rallo son la quintaesencia de la economía. Tampoco se podrá producir otra cosa con los fondos públicos usados para ayudar a los “eficientes” empresarios automovilísticos en sus ventas]

Pero los economistas –por llamarlos de alguna manera– keynesianos parecen estar inmunizados contra la lógica y el sentido común. En su mundo de fantasía, donde sólo es necesario desear que las piedras se conviertan en pan para que opere el milagro, la destrucción de riqueza es sinónimo de… creación de riqueza. ¡El doblepensar al poder! Lean si no al Premio Nobel de Economía Paul Krugman analizando las consecuencias las consecuencias económicas del 11-S apenas tres días después del atentado: “Por horrible que pueda parecer decir esto, el ataque terrorista podría incluso ser beneficioso desde un punto de vista económico (…). De repente hemos pasado a necesitar unos nuevos bloques de oficinas (…). La reconstrucción generará un aumento de la inversión empresarial”. [Al Sr. Rallo le gusta zaherir Pero los economistas –por llamarlos de alguna manera– keynesianos parecen estar inmunizados contra la lógica y el sentido común”; claro, ¡sólo él es economista puro!. Así pues, usaré su propio argumento y diré que si un premio Nobel es un zote hay que imaginar que lo son más los que lo nombraron y si éstos lo son quiere decir que no tienen la capacidad para elegir a los premiados y por ello alguno de sus ídolos,(Milton Friedman, Friedrich Hayek) no deberían ostentar dicha distinción. En cuanto a su frase “¡El doblepensar al poder! “, me imagino que también se refiere al Banco Mundial y al Fondo Monetario internacional. En todo caso yo me quedo con otra que hace más falta … “La imaginación al poder”]

La semana pasada, Will Wilkinson, miembro del Instituto Cato, propuso un reto a los keynesianos: dado que son tan obtusos como para no admitir que desde un punto de vista agregado destrucción de riqueza no equivale a creación de riqueza, ¿serían al menos capaces de admitirlo para casos individuales? Es decir, ¿serían los keynesianos capaces de admitir que si mi casa se incendia, yo me he empobrecido? [Aquí el Sr Rallo y el componente del neoliberal Instituto Cato como piensan que somos unos analfabetas nos proponen un sofisma. Es evidente, aunque para ellos parece que no, que el valor agregado no es lo mismo que el valor individual; de hecho, como menciona en el párrafo siguiente, no hace falta que ningún funcionario destruya cosas ya que las empresas se encargan de que las cosas no duren pues su negocio es el valor agregado de sus ventas y para vender … las cosas deben destruirse!!!; ¿qué opina el Sr. Rallo sobre que las personas nos comprásemos un solo coche o un solo televisor o un solo traje  o una sola unidad de cualquier otra cosa en toda nuestra vida?, ¿no será que en la realidad existe destrucción de riqueza y de esa destrucción se produce creación de riqueza?. Por supuesto que si se quema mi casa yo me he empobrecido, pero yo no soy el único habitante de la Tierra y por ello mientras me he empobrecido ha habido otros que se han enriquecido, ¿o no?]

Y la respuesta desde el lado keynesiano no se hizo esperar: no, ni siquiera son capaces de admitir eso. En palabras del periodista keynesiano Ryan Avent: “Los desastres suponen una pérdida de riqueza inmediata, pero generan oportunidades para mejorar nuestro crecimiento a largo plazo”. A saber: “¿Es que acaso no podemos pensar en un puñado de cosas cuya destrucción por algún funcionario nos haría más felices? ¿Una televisión vieja? ¿Nuestra primera generación de iPods?”.

Más allá de que, como sostiene Wilkinson, ese argumento sea tanto como plantearse las bondades de que asesinen a nuestra pareja por si acaso encontráramos una mejor en el futuro o los beneficios de que suframos la amputación de una pierna por si nos viéramos inducidos a cambiar nuestra perspectiva vital volviéndonos más felices, a mí me motiva otra reflexión. [Nuevamente otro sofisma, ¿qué ver tiene la economía con asesinar a nuestra pareja? o dicho de otro modo ¿que ver tiene la velocidad con el tocino?]

La respuesta de Avent evidencia que la ortodoxia económica actual se encuentra completamente desligada de la realidad y que está dispuesta a retorcer los argumentos tanto como sea necesario para justificar la intervención del Estado en la economía. Ni siquiera los razonamientos más elementales, aquellos que sólo con altas dosis de maldad o de ignorancia pueden negarse, están a salvo de sus disparates. Se preocupan por la formalidad matemática pero se olvidan de las esencias de los problemas. ¿Cómo convertir a la economía en una ciencia si sus principales representantes salen a la palestra a proclamar disparates como que derrumbar dos rascacielos puede llegar a enriquecer no sólo a la sociedad sino a sus propietarios? ¿Cómo pretender que los economistas en general no sean vistos como una calamidad, como una plaga bíblica, si el Estado se sirve de sus disparates para organizar coactivamente las vidas de los ciudadanos? No, esto no es ciencia, es pura propaganda. [Comenzaré por el final; el Estado desde su configuración tiene el monopolio de la coacción legal debido a que tiene reservado el uso legal de la fuerza y en eso nada tiene que ver la economía o los economistas Sr. Rallo. Ya que le gusta zaherir usaré su propia medicina y le diré que si Usted no sabe algo tan básico como lo anterior se le pueden aplicar dos refranes: 1) Ha pasado por la Universidad, pero la Universidad no ha pasado por Usted y 2) Lo que natura no da, Salamanca no lo presta. En cuanto a la Economía y la Ciencia, le diré que a mi modo de ver no puede ser una ciencia muy exacta desde el momento que no somos capaces de enunciar ninguna ley sin usar “ceteris paribus, espero que entienda a qué me refiero. Por último y en cuanto a “retorcer los argumentos tanto como sea necesario para justificar” … los enunciados neoliberales … estoy totalmente de acuerdo con Usted; como he mencionado antes, el FMI y el Banco Mundial son unos campeones en eso]

Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos.


3 comentarios en “Neoliberales

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