UE, ¿cuál es el futuro?

La incompetencia de los actuales políticos europeos y su posición de marionetas de los grandes lobbys económicos ha quedado claramente expuesta, para cualquiera que posea dos dedos de frente, con el manejo de la crisis de la euro-zona y todas las ¿soluciones? que han propuesto para salir de ella. Tal como se describe en el artículo que reproduzco esas “soluciones” lo son únicamente para las entidades financieras, a las que se trata de asegurar sus intereses por encima de todo, y no para los ciudadanos europeos que son los “paganos” de todos los desaguisados que los banqueros han cometido impunemente y que con la “austeridad” recetada (sólo para los ciudadanos, que no para los políticos que la han implementado como solución mágica) deben prepararse, sin duda, para lo peor durante el próximo futuro.

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El pacto fiscal no salvó a la economía real de Europa

Aunque Europa contribuye con el 26% en la formación del Producto Interno Bruto (PIB) Mundial en 2011, 23 millones de personas desempleadas en la Unión Europea, o sea el 10.3% de su población económicamente activa, quedaron al margen de los acuerdos de la cumbre de los países de la Unión Europea, porque sus líderes políticos no tomaron en cuenta los estímulos para la creación de empleo y la aceleración del anémico crecimiento del más importante grupo de países de economías avanzadas.

Entre los principales acuerdos de la cumbre, el que sobresale es el de la supervivencia del euro a sus 10 años de historia, gracias a un pacto fiscal que exige un excesivo rigor de la política presupuestaria, al condicionar que los presupuestos de los gobiernos centrales deberán estar equilibrados o tener un superávit, que obligará a una gran austeridad porque cualquier déficit fiscal estructural no deberá exceder el 0.5% del PIB Nominal, la nueva “regla de oro” que deberá incorporarse en las legislaciones nacionales que también sancionarán más duramente, y en una forma semiautomática, la presencia de un déficit fiscal que supere el 3% del PIB o la de una deuda pública que sea mayor que el 60% del PIB. La Comisión dará su opinión y podrá exigir cambios antes de la aprobación de las cuentas en cada país y el Tribunal de la Unión Europea (UE) dictaminará si un Estado incumple las reglas fiscales.

Un segundo acuerdo importante es que los líderes de los países europeos también exigieron una mayor coordinación económica a escala de la Eurozona, como serían la armonización de impuestos, la unión laboral y las reformas financieras, lo cual motivó a que el Reino Unido quedara también al margen de los acuerdos de la cumbre al no someterse a las reformas de los mercados financieros ya aprobadas y en curso, especialmente en la City de Londres, el principal centro financiero europeo, que genera un 9% del Producto Nacional Bruto (PNB) del Reino Unido y  alberga, como en Nueva York, a la mayoría de las compañías que operan en fondos de alto riesgo ( hedge funds), los mismos que la Unión Europea quiere regular.

Sin embargo, en los acuerdos no se observa cuál sería la respuesta si la crisis aumentara en la Eurozona, y no se le da un papel preponderante al Banco Central Europeo (BCE) en el fondo de rescate, ni se mencionan los eurobonos. Todavía suena el eco de las palabras de la canciller de Alemania, Angela Merkel, que “Quien pida la emisión de los eurobonos para hacer frente a la crisis de la deuda europea es porque no ha entendido la crisis”, así como su insistencia en la independencia del BCE como garante de la estabilidad monetaria y que dicha entidad sólo gestionará el fondo de rescates en las operaciones de mercado. Es decir que en las próximas emisiones de deuda del fondo de rescates, el BCE actuará como colocador, pero nada más, ni avalará esas emisiones, como sí harán los países de la Eurozona, ni las comprará, salvo un giro radical en su política.

Por eso, la canciller alemana, Angela Merkel, se negó a aportar más recursos para ampliar ese fondo de rescates, que se considera como temporal, denominado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y dotado de 500 mil millones de euros, y tampoco permitió la conversión del fondo en una entidad financiera para darle acceso a las líneas de liquidez del BCE, por lo cual la Eurozona estará obligada a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque parezca extraño, el tercer acuerdo es que los países de la Unión Europea tendrán que aportar al FMI 200 mil millones de adicionales, con la esperanza de que el policía financiero internacional contribuya a estabilizar la Unión Monetaria Europea, mejor dicho a salvar al euro, desde Washington.

Un cuarto y último aspecto importante de los acuerdos es que, aún supeditado a “una confirmación” del parlamento de Finlandia, se adelantó la entrada en vigor del fondo permanente o Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE) a julio de 2012, un año antes de lo previsto, y se agiliza la toma de decisiones de este fondo, que serán por una mayoría calificada del 85%, en lugar de la unanimidad actual, lo que limita el derecho de veto a Alemania, Francia e Italia, y se renuncia a incorporar en la emisión de nuevos bonos europeos una cláusula que obligaría a los inversores a asumir pérdidas, de forma automática, en caso de rescate.  Esto último, con mucha seguridad, ha disparado la venta de títulos de los países más cuestionados. Además, la canciller alemana, Angela Merkel, anuló los planes de conceder al MEE una licencia bancaria, es decir una medida que le hubiera permitido conseguir fondos baratos del BCE.

Tras la cumbre, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha declarado que el acuerdo “se acerca bastante a un buen pacto fiscal”, mientras que la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, ha explicado que el acuerdo “es un paquete que va realmente en la buena dirección”. Yo creo que estas reformas estructurales de la política fiscal de la Unión Europea, impulsadas por Alemania y Francia y que se identifican más con una ley de responsabilidad fiscal, no dan respuesta al principal problema económico que aqueja a la economía europea sino que lo agudizan, porque las ideas de los políticos europeos de turno, en vez de aumentar la demanda agregada (consumo, inversión y exportaciones) para reducir el desempleo y pagar la deuda pública, están sesgadas a la restricción del gasto y el déficit presupuestario con el afán de que los países muy endeudados, dicho sea de paso todos los países de la Eurozona, cancelen la deuda a los banqueros tenedores de los bonos soberanos emitidos por esos países. El rescate es a banqueros y no a naciones. El rescate es a balances bancarios y no a presupuestos nacionales.

Una masiva intervención del BCE para comprar los bonos basura hubiese sido una señal muy importante para dinamizar la producción y reducir el desempleo, la cual se hubiese fortalecido en el mediano y largo plazo con el pacto fiscal. Para esto se requería una mayor solidaridad de las grandes economías del continente europeo, pero no existió la voluntad política para hacer ambas cosas. Los líderes europeos salvaron la moneda común pero abandonaron a los desempleados y a la economía real. Por ello, en el corto plazo es de esperarse para Europa y, por ende, para el mundo, en el mejor de los casos, una prolongada desaceleración del crecimiento económico o, en el peor de los casos, una recaída económica.

La desregulación de la banca ha promovido acciones irregulares, yo diría inapropiadas, de los sistemas financieros, que han sido la detonante en todas las crisis. Decía recientemente el profesor Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, que los políticos argumentan varias causas para explicar el origen de la crisis financiera y económica, por ejemplo el déficit fiscal y la deuda pública en la Eurozona y ahora dicen que es el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, la insuficiencia en el ahorro en México, la gobernanza poco transparente en el Asia Oriental, la exuberancia irracional del crédito bancario al sector privado en España, pero la constante en todos estos casos es que los sistemas financieros son incapaces de evaluar solvencias ni administrar los riesgos como se suponía que debían hacerlo.

La austeridad alemana se impuso en la salida de la crisis del euro, pero “creemos que es indispensable una mayor regulación financiera”, concluyó Nicolas Sarkozy al final de la cumbre. ¿Existirá esa voluntad política para eliminar el libertinaje del sistema financiero? Veremos, después que el Reino Unido se ha quedado aislado en su rechazo a la reforma institucional europea.

Autor: Néstor Avendaño

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