Los fundamentalistas del ajuste

Por William Mitchell *

El autor desmenuza una a una las falacias que esgrimen los economistas neoliberales en los países desarrollados para justificar los recortes en el gasto público y explica por qué esas medidas aumentan la desocupación y la pobreza.

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La crisis económica internacional comenzó como un problema vinculado al crecimiento insostenible del endeudamiento privado conducido por un sector financiero fuera de control que fue impulsado por la desregulación realizada por los gobiernos. Esa crisis se convirtió en una crisis de deuda soberana. A medida que colapsaron los niveles de gasto privado en 2007-2008, los déficit presupuestarios crecieron para limitar el incremento en el desempleo. Los paquetes de estímulo fiscal impulsaron una recuperación del crecimiento y la crisis perdió fuerza.

Mientras que el desempleo representa una falla del sistema para crear puestos de trabajo suficientes, los neoliberales consideran que es un problema individual, exacerbado por sistemas de bienestar demasiado generosos. Antes de la crisis, los promovieron el mito de los mercados que se autorregulan y presionaron a los gobiernos para que avancen en su desregulación. Ellos argumentaban que los gobiernos no deberían intentar reducir el desempleo promoviendo déficit fiscales. Los neoliberales sostienen que si los gobiernos intentan reducir el desempleo empeoran las cosas al causar inflación y aumento de las tasas de interés.

Los estímulos fiscales de 2008 salvaron a la economía mundial de una depresión y ninguna de estas predicciones se cumplió. Las tasas de interés se mantienen en niveles cercanos a cero y la inflación está controlada. No obstante, millones de personas continúan desocupadas y los niveles de pobreza están en aumento, muchos países están volviendo a caer en recesión porque los gobiernos se agacharon frente a las presiones impuestas por los fundamentalistas de la austeridad.

El argumento de la austeridad está construido sobre mentiras. Los neoliberales sostienen que los gobiernos, como los hogares, deben vivir con sus propios medios. Esta analogía resuena fuerte entre los ciudadanos porque comprenden el funcionamiento de las finanzas en sus hogares. Nosotros sabemos que no podemos endeudarnos para siempre. Pero los países emiten sus propias monedas y pueden gastar más de lo que ganan en forma consistente. Mientras que las familias deben ahorrar para poder gastar más en el futuro, los gobiernos pueden comprar los bienes y servicios que quieran siempre y cuando existan bienes y servicios a la venta en la moneda que ellos emiten. Los gobiernos nunca se pueden quedar sin dinero.

Los neoliberales hablan de una “contracción fiscal expansiva”, eso quiere decir que al ajustar el consumo público, el gasto privado será mayor. Supuestamente los consumidores y las empresas anticipan que en el futuro las cargas tributarias serán mayores y, por lo tanto, aumentan su nivel de ahorro presente. La austeridad le indica al sector privado la inminencia de esas obligaciones fiscales y los libera para consumir en el presente. Sin embargo, la evidencia empírica muestra que los consumidores no gastarán si existe elevado desempleo y las empresas no contratarán trabajadores ni producirán bienes si las ventas están estancadas. En ese escenario, recortar el gasto profundiza el pesimismo.

Los neoliberales sostienen que la permanencia de déficit fiscales genera hiperinflación, como sucede en Zimbabwe. Pero el aumento del gasto público no puede generar aumentos de precios si la economía está funcionando por debajo de su capacidad total. ¡Los neoliberales sostienen que los déficit hacen subir las tasas de interés! Los déficit subieron fuerte en los últimos años pero las tasas se mantienen en niveles cercanos a cero. Japón mantiene grandes déficit desde comienzos de 1990 y mantuvo sus tasas de interés alrededor de cero y bajos niveles de inflación desde entonces. La mentira neoliberal se olvida de mencionar que son los bancos centrales quienes fijan las tasas de interés, no los mercados.

La situación en la Eurozona es diferente porque los países miembro usan una moneda extranjera (el euro) y deben endeudarse para cubrir sus déficit. Por lo tanto, esos países dependen del mercado de bonos. No se lograrán progresos en Europa hasta que los países recuperen sus propias monedas y recurran a los déficit para impulsar el crecimiento económico. La única lección que se puede sacar de la experiencia de la Eurozona es que los gobiernos deben conservar sus propias monedas y utilizar el gasto público, aunque se incurra en déficit fiscales, para lograr el pleno empleo. La austeridad niega la historia. La Gran Depresión de 1930 nos enseñó que, sin el gasto público y los déficit, el capitalismo tiende a ofrecer largos períodos de desempleo generalizado. El asalto neoliberal de la política fiscal comenzó en los años ’70 con el apogeo del monetarismo. Desde entonces, la mayoría de los países fracasaron en crear la suficiente cantidad de empleos que reclamaban sus fuerzas de trabajo. Los economistas neoliberales y sus defensores fracasaron en predecir la crisis y la solución que proponen, la austeridad, está empeorando las cosas.

La regla macroeconómica básica sostiene que el gasto es equivalente al ingreso y esto es lo que conduce el crecimiento del empleo. La austeridad erosiona las posibilidades de realizar el gasto necesario. Las economías más grandes están sufriendo deficientes niveles de gasto privado y la acumulación masiva de endeudamiento privado. La persistencia de niveles elevados de desempleo significa que nuestras economías están renunciando a oportunidades masivas de producción y creación de ingresos. El desempleo también genera muchos problemas sociales. Mientras que el gasto privado se encuentre contenido, los gobiernos deberían expandir sus déficit fiscales. Esa es la única forma para que las economías avanzadas generen los niveles de crecimiento necesarios para reducir el desempleo. El mejor punto de partida para enfrentar la crisis es lanzar un programa a gran escala de creación directa de puestos de trabajo. Ese programa ofrecería un trabajo de ingreso mínimo a cualquier persona que quiera trabajar pero no encuentra un empleo. Los trabajadores en el programa gozarán de un ingreso estable y el aumento en el gasto impulsará la confianza y apuntalará la recuperación del gasto privado.

El crecimiento sostenible requiere niveles de endeudamiento del sector privado considerablemente más bajos. Necesitamos acostumbrarnos a que, para salir de la crisis, se necesitan déficit fiscales.

* Director del Centre of Full Employment and Equity – Universidad de Newcastle, Australia.

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