La brecha entre productividad y salarios reales

EL neo-liberalismo se refiere de forma constante a la deficiente productividad como argumento principal para exigir la reforma de las legislaciones laborales en el sentido de “liberalizarlas” suprimiendo derechos de los trabajadores por un lado y para congelar los salarios por el otro. Todo ello en busca del fin último que persiguen: la ACUMULACIÓN.

Nota del Editor

Autor: Lawrence Mishel

La desigualdad en los ingresos ha crecido en los últimos 30 años o más impulsada por tres dinámicas: la creciente desigualdad de la renta laboral (salarios y retribuciones), la creciente desigualdad de la renta del capital y una creciente porción de los ingresos destinados a renta del capital en vez de a renta laboral. A consecuencia, cuando uno examina las rentas basadas en el mercado encuentra que “el 1 por ciento más rico de los hogares ha asegurado una gran porción de sus ganancias en renta: 59.9 por ciento de las ganancias desde 1979 hasta 2007, mientras que el 0.1 por ciento más rico se ha apropiado de una porción aún más desproporcionada: el 36 por ciento. Por comparación, sólo el 8.6 por ciento de las ganancias en rentas han ido a parar al 90 por ciento” (Mishel y Bivens 2011).

Una clave para entender este crecimiento en desigualdad de rentas (y los decepcionantes aumentos de los salarios y retribuciones de los trabajadores y rentas de la clase media) resulta de entender la divergencia de pagos y productividad. El crecimiento en productividad ha aumentado substancialmente en las últimas décadas pero la retribución por hora del trabajador medio ha visto un crecimiento mucho más modesto, especialmente en los últimos 10 años o más. La brecha entre el crecimiento de la productividad y de las retribuciones para el trabajador medio se ha revelado mayor en la “década perdida” comenzada a principios del 2000 que en cualquier momento del período post Segunda Guerra Mundial. Por contraste, la productividad y la retribución de un trabajador medio crecieron paralelamente en el período de principios de postguerra hasta los años 1970.

El crecimiento de la productividad, que es el crecimiento del resultado de bienes y servicios por hora trabajada, proporciona la base para el crecimiento de los estándares de vida. Aun así, la experiencia de la vasta mayoría de trabajadores en las últimas décadas ha sido que el crecimiento de la productividad proporciona en verdad únicamente el potencial para elevar los estándares de vida: La historia reciente, especialmente desde el 2000, muestra que el crecimiento de los salarios y retribuciones para el trabajador medio y de la renta para la familia media han sufrido una tremenda demora respecto del rápido crecimiento en la productividad de la nación. Este artículo utiliza datos del documento de próxima aparición del EPI “The State of Working America (El Estado de la Clase Trabajadora Estadounidense), 12th Edition” (Mishel, Bivens, Gould, y Shierholz 2012), con el fin de documentar y explicar estas tendencias, particularmente las de los años más recientes.

Crecer al unísono y después disgregarse: Productividad y promedio de retribuciones en la era postguerra

La retribución por hora de un trabajador medio creció paralelamente a la productividad desde 1948 hasta 1973. Esto puede verse en la Figura A, la cual representa tanto el crecimiento acumulativo en la productividad por hora trabajada de la economía total (inclusive el sector privado, el gobierno y el sector sin fines lucrativos) desde 1948 y el crecimiento acumulativo en la retribución por hora ajustada a la inflación para trabajadores de producción/no administrativos del sector privado (un grupo que comprende más del 80 por ciento del empleo por nómina). Tras 1973, la productividad creció exponencialmente, especialmente tras 1995, mientras que la retribución de un trabajador medio estaba relativamente estancada. Esta divergencia de pagos y productividad ha significado que muchos trabajadores no estaban beneficiándose del crecimiento de la productividad (la economía podía permitirse pagos mayores pero no estaba proporcionándolos).

Figura A

Crecimiento de retribuciones reales por hora para trabajadores de producción/no administrativos y productividad, 1948-2011

Nota: La retribución por hora es de los trabajadores de producción/no administrativos en el sector privado y la productividad es de la economía total.

Fuente: Análisis del autor de los datos económicos totales sin publicar de la Oficina de Estadísticas Laborales, Productividad Laboral y Costes y de los datos públicos de la Agencia de Análisis Económico, Renta Nacional y Cuentas Públicas.

La Figura B proporciona más detalles sobre la disparidad productividad-pagos desde 1973 hasta 2011, mostrando en gráfica el crecimiento de la productividad acumulado desde 1973, la retribución media real por hora y la retribución medial real de todos los trabajadores, tanto de mujeres como de hombres. Tal y como ilustra la Figura B, la productividad creció un 80.4 por ciento desde 1973 hasta 2011, lo suficiente como para generar amplios avances en los estándares de vida y en los salarios si las ganancias de la productividad se hubieran repartido equitativamente. Sin embargo hubo tres “brechas” importantes entre tal crecimiento y la experiencia de los trabajadores estadounidenses.

En primer lugar, como muestra la Figura B, la retribución media por hora, la cual incluye el pago de directores ejecutivos y jornaleros similares, creció en sólo un 39.2 por ciento desde 1973 hasta 2011, quedándose a la zaga del crecimiento en productividad. Esto refleja parcialmente la primera brecha: un cambio general en la cantidad de ingresos que la economía recibe en retribuciones por parte de los trabajadores y en la cantidad que reciben los propietarios del capital. La porción destinada a trabajadores ha disminuido.

Figura B

Crecimiento de la productividad por hora, media real de retribuciones por hora y promedio real de la retribución por hora (total y por género, 1973-2011)

Nota: La retribución por hora es de los trabajadores de producción/no administrativos en el sector privado y la productividad es de la economía total.

Fuente: Análisis del autor de los datos económicos totales sin publicar de la Oficina de Estadísticas Laborales, Productividad Laboral y Costes y de los datos públicos de la Agencia de Análisis Económico, Renta Nacional y Cuentas Públicas.

En segundo lugar, como también se muestra en la Figura B, la retribución por hora del trabajador medio creció sólo un 10.7 por ciento. La mayor parte del crecimiento en retribución promedio por hora ocurrió en el periodo de fuerte recuperación en la segunda mitad de los 1990: Excluyendo el intervalo que va desde 1995 hasta 2000, la retribución promedio por hora creció en sólo un 4.9 por ciento entre 1973 y 2011. Hubo una particularmente amplia divergencia entre el crecimiento de la productividad y la retribución promedio por hora desde el 2000 hasta el 2011. En resumen, el trabajador medio (ya sea hombre o mujer) no ha disfrutado del crecimiento en retribuciones con la misma celeridad que los trabajadores con un salario más alto, especialmente aquellos cuyo salario es el más alto. Esto refleja la brecha de la creciente desigualdad en salarios y retribuciones.

Una tercera “brecha” que resulta importante examinar y sin embargo no se hace visible en la Figura B es la de los “términos de comercio”, la cual implica un crecimiento más rápido del precio de aquellas cosas que los trabajadores compran respecto a lo que producen. Esta brecha se debe al hecho de que la medida de los resultados que se emplea para computar la productividad se convierte a dólares reales o constantes (ajustados a la inflación) basándose en los componentes de los resultados nacionales (PIB). Por otro lado, la retribución promedio por hora y las medidas de la media de retribución por hora se convierten a dólares reales o constantes basándose en las medidas de los cambios de precios de aquello que los consumidores adquieren. Los precios de los resultados nacionales han crecido a un ritmo más lento que los precios de las adquisiciones de los consumidores. Por tanto, el mismo crecimiento en dólares nominales o en curso, en los salarios y en los resultados da lugar a un crecimiento mayor en el resultado real (ajustado a los cambios en los precios de la inversión de bienes, exportaciones y adquisiciones de los consumidores). Esto significa que los trabajadores han sufrido un empeoramiento de los términos de comercio, bajo los cuales los precios de las cosas que compran (por ejemplo bienes de consumo y servicios) han aumentado más rápidamente que aquello que producen (bienes de consumo pero también bienes capitales). Por consiguiente, si los trabajadores consumieron tanto microprocesadores y herramientas de maquinaria como productos de hogar, el crecimiento real de su salario debería haber sido mayor y más en línea con el crecimiento de la productividad.

Evaluación de los factores subyacentes a la diferencia entre productividad y retribución promedio

La Tabla 1 muestra las tendencias básicas e identifica la contribución de cada factor en la conformación de la diferencia entre productividad y la retribución promedio, en sub-periodos particulares y en el total, desde 1973 hasta 20111. Los períodos particulares elegidos responden a los picos de los ciclos de negocios (años de bajo desempleo) con alguna excepción. Los dos ciclos de negocios principales (1979-89 y 1989-200) se dividen en los periodos 1979-95 y 1995-200 para separar el periodo de bajo crecimiento en productividad del periodo que comienza en 1009 cuando el crecimiento de la productividad se aceleró (y el desempleo cayó a niveles muy bajos). El último periodo, 2000-11, se extiende desde la recuperación de finales de los 1990 hasta el año más reciente del que se disponen datos.

Tabla 1

Conciliación del crecimiento en retribución promedio por hora y productividad, 1973-2011

Nota: Los totales para los paneles A y B no cuadran con exactitud debido a redondeos

Source: Analysis of Mishel and Gee (2012) Table 1

Fuente: Análisis de Mishel y Gee (2012) Tabla 1

El panel A muestra las tasas de crecimiento anuales de los promedios de salarios y retribuciones por hora, las retribuciones medias por hora y la productividad por hora. Todas las medidas son respecto del total de la economía. La diferencia de crecimiento de la productividad y del promedio de retribuciones también se presenta para cada periodo. Tal diferencia creció un 1.3 por ciento por año desde 1973 hasta 2011 y creció más rápidamente en el periodo reciente del 2000-11 y en el anterior de 1979-95. La Tabla 1 también muestra que la productividad se aceleró en la segunda mitad de los 1990, creciendo un 2.33 por ciento cada año, muy por encima del crecimiento de productividad de los periodos 1973-79 y 1979-95. El crecimiento de productividad desde el 2000 se ha mantenido mucho mayor que durante el “estancamiento” de 1973 hasta 1995, pero menor que el crecimiento de productividad de finales de los 1990.

La Tabla 1 desglosa el crecimiento de tres factores que podrían explicar la divergencia entre productividad y promedio de retribución por hora. El primero es la creciente desigualdad de las retribuciones, representada en este análisis mediante el cambio de tasa de retribución media por hora a promedio por hora. El segundo es el cambio en la distribución de ingresos laborales, captado por los cambios en la distribución nominal de la retribución en el resultado nacional (PIB). El tercer factor es la divergencia de los precios de los resultados y los destinados al consumidor, la brecha de los términos de comercio basada en el cambio en los precios de los consumidores (viendo los beneficios en la salud disminuidos por un índice médico y las porciones restantes de retribución disminuidas por los precios a los consumidores) relativos a los precios del resultado nacional.

La amplia diferencia productividad-promedio de retribución en el período 2000-11 se debió principalmente a la creciente desigualdad en las retribuciones y el declive de la cantidad de ingresos laborales, sumando respectivamente con un 38.9 por ciento y un 45.3 por ciento de la diferencia total. El impacto de los términos comerciales, o divergencias de precios, fue menor en este periodo que en ningún otro y sumó únicamente un 15.8 de la creciente diferencia entre productividad y promedio de retribuciones.

El promedio de retribuciones por hora se aceleró en la segunda mitad de los 1990 pero no tanto como la productividad, generando una diferencia de 1.21 cada año desde 1995 hasta 2000. Esta diferencia ocurrió a pesar del aumento de la distribución de ingresos laborales (lo cual reducía por tanto la diferencia) y principalmente debido a la divergencia de precios y al amplio aumento de la desigualdad en retribuciones. Por contraste, el primer periodo, 1973-79, no vio un crecimiento apreciable de la desigualdad en retribuciones o un cambio en la distribución de ingresos laborales: la divergencia productividad–promedio de retribuciones reflejó principalmente diferencias en los precios.

Durante todo el periodo comprendido entre 1973 y 2011, apenas la mitad (46.9 por ciento) del crecimiento de la diferencia productividad-promedio de retribuciones fue debido a una creciente desigualdad en las retribuciones y una quinta parte (19 por ciento) a la disminución de la cantidad de ingresos laborales. Una tercera parte de la diferencia se debió a las diferencias de precios.

Explicar la diferencia

El anterior análisis ha mostrado que, desde 1973 hasta el 2011, el principal factor que ha llevado a la diferencia entre productividad y promedio de retribuciones ha sido la creciente desigualdad de salarios y retribuciones, seguido por la divergencia de precios al consumidor y el cambio de ingresos laborales a ingresos del capital. Desde el 200 al 2011, cuando la diferencia productividad-promedio de retribuciones creció con mayor celeridad, la divergencia de precios tuvo un impacto más bien modesto, mientras que el cambio de ingresos laborales a ingresos del capital fue el factor determinante, sumando casi un 45 por ciento de la diferencia.

El aún inédito The State of Working America (Mishel, Bivens, Gould yShierholz, 2012) proporcionará detalles sobre estos factores, que consideraremos brevemente aquí. El factor de desigualdad en salarios y retribuciones tiene tres dimensiones diferentes. La primera es la diferencia substancial entre los ingresos crecientes del 1 por ciento de los que más ingresan y los ingresos de los siguientes dentro del 10 por ciento con ingresos más altos. Entre 1979 y 20007 los ingresos anuales del 1 por ciento de los que más ingresan creció un 156 por ciento, mientras que el resto del 10 por ciento con altos ingresos experimentaron un crecimiento del 45 por ciento. La segunda dimensión se observa en la diferencia continua entre el crecimiento de salarios en la cima (como puedan ser los porcentajes del 90 y 95) y en el centro (p.ej. la media del salario) sobre el total del periodo 1979-2011. La tercera dimensión, la diferencia entre el centro y la base (medida como la diferencia entre el promedio de salario y el salario del 10 por ciento), ha destacado en algunos periodos, no siendo así en otros. La diferencia creció marcadamente en los 1980 pero se mantuvo estanca en los 1990 y 2000, exceptuando una diferencia emergente entre hombres en los últimos años. Cualquier explicación sobre la desigualdad en salarios debe tener en cuenta este patrón de crecimiento de salarios.

La desigualdad de salarios en la base, llamada la “diferencia de salarios 50/10” puesto que refleja las diferencias entre los porcentajes del promedio y del 10 por ciento, se ha producido principalmente en periodos de alto desempleo y por la erosión del salario mínimo. El continuo crecimiento de la diferencia de salarios entre los que más ingresan y los que obtienen ingresos medios es resultado de varias políticas de laissez-faire (leyes de omisión y de comisión), las cuales incluyen la globalización, desregularización, privatización, unionización corroída y estándares laborales debilitados. La diferencia entre los que más ingresan, el 1 por ciento, y el resto, incluyendo a los que a continuación más ingresan, refleja la escalada de los salarios de directivos y otros dirigentes y el crecimiento de las retribuciones del sector financiero.

La divergencia de precios de consume y otras partes del PIB (inversión de negocios, inversión gubernamental, exportaciones e importaciones) puede verse de dos formas distintas. Una resulta de desestimar la divergencia como una diferencia técnica y tratar la diferencia asociada productividad-pago como poco importante y poco interesante. La segunda forma resulta de advertir que la asunción ampliamente mantenida y articulada de que las ganancias en productividad laboral se traducen en mejoras de los estándares de vida implica que estas dos líneas de precios, consumo y resultado, deben al final converger. Dado que esta convergencia no ha ocurrido en varias décadas, la segunda forma de verlo sugiere que la productividad no está traduciéndose completamente en mejora de estándares de vida, y que la divergencia entre precios de consumo y precios de resultado representa otro mecanismo mediante el cual los trabajadores no se benefician del crecimiento económico. Más que desestimar o dejar de lado este factor de términos comerciales que suma un tercio del crecimiento de la diferencia productividad-promedio de retribución, merece una investigación seria y una explicación detallada. Por desgracia, hasta el momento poco se ha investigado en este campo. Decir que al cambiar los términos comerciales se controla la diferencia productividad-pago resulta más una descripción que una explicación. Independientemente de la causa, la implicación es que el trabajador “medio” no se está beneficiando completamente del crecimiento en productividad.

El último factor a considerar brevemente es la disminución de la porción de retribución de los ingresos totales y el correspondiente aumento de la porción de ingresos destinados al capital (intereses, dividendos, beneficios, alquileres, etc.). Mishel y Bivens (2011) han mostrado que la porción de ingresos del capital en el sector de las empresas en el 2000, especialmente en los años de recesión tras el 2007, ha sido el mayor en los últimos 70 años. La única vez que los ingresos destinados al capital han tenido una proporción mayor ha sido durante la era de la guerra en los 1940 cuando la política conscientemente contuvo el crecimiento salarial.

La porción destinada a retribuciones alcanzó correspondientemente un mínimo. El aumento en la porción de ingresos del capital en el sector empresarial se ha producido por un incremento comparablemente amplio en la “rentabilidad”, o por la vuelta a capital por dólar de planta y equipo. El cambio de ingresos laborales a ingresos de capital fue más evidente en el periodo de creciente desigualdad de salarios entre 1979 y 1995 y de nuevo entre 2000 y 2011, periodo caracterizado por una creciente desigualdad de salarios y un desempleo excesivo. Por tanto, la mejorada rentabilidad y el cambio de ingresos al capital ha ocurrido paralelamente al debilitamiento general de la capacidad de negociación de los trabajadores en el mercado laboral y puede verse que ha ocurrido por las mismas razones mencionadas anteriormente. El único periodo en el que los ingresos se dirigieron a los trabajadores fue en la segunda mitad de los 1990, cuando un bajo desempleo tenaz ayudó a mejoras reales de los salarios (a pesar de que la desigualdad de salarios en la cima siguió creciendo).

Conclusión

El crecimiento de la productividad ha sido frecuentemente designado como fuente generadora de la capacidad para mejorar los estándares de vida. Esto es a lo que muchas veces se refiere cuando se nos insta a mejorar nuestra “competitividad”. De hecho, mejorar la productividad es una meta importante, pero que sólo proporciona el potencial para alcanzar unos estándares de vida mas elevados, tal y como nos muestra la experiencia de los últimos 30 años o más. La productividad en la economía creció un 80.4 por ciento entre 1973 y 2011, pero el crecimiento de la retribución real por hora del trabajador medio fue mucho menor, con tan sólo un 10.7 por ciento, y casi todo ese crecimiento ocurrió en un breve periodo de tiempo a finales de los años 1990. El patrón fue muy distinto desde 1948 hasta 1973, cuando la retribución por hora de un trabajador medio creció en paralelo a la productividad. Resulta un componente esencial de cualquier esfuerzo para la consecución de la prosperidad el restablecer los vínculos entre productividad y pago del trabajador medio, y, de hecho, pudiera ser necesario para obtener un crecimiento robusto con independencia de las burbujas de activos y las crecientes deudas internas. Puede resultar difícil pensar en restablecer los vínculos entre la productividad y los pagos sin restablecer a su vez unos estándares laborales decentes, un salario mínimo a un nivel correspondiente a la mitad de la media salarial (como ocurría a finales de los 1960) y convertir en real la capacidad de los trabajadores para obtener y practicar los convenios colectivos.

Referencias bibliográficas

–               Bureau of Labor Statistics. Labor Productivity and Costs program. Various years. [http://www.bls.gov/lpc/]. Unpublished data provided by program staff at EPI’s request.

–               Bureau of Economic Analysis (U.S. Department of Commerce). National Income and Product Account Tables [online data tables]. http://bea.gov/iTable/iTable.cfm?ReqID=9&step=1

–               Mishel, Lawrence and Josh Bivens. 2011. Occupy Wall Streeters are Right About Skewed Economic Rewards in the United States. Economic Policy Institute Briefing Paper No.331.

–               Mishel, Lawrence, Josh Bivens, Elise Gould, and Heidi Shierholz. 2012 (forthcoming). The State of Working America, 12th Edition. An Economic Policy Institute book. Ithaca, N.Y.: Cornell University Press.

–               Mishel, Lawrence and Kar-Fai Gee. 2012. “Why Aren’t Workers Benefiting From Labour Productivity Growth in the United States?” International Productivity Monitor, Number 23, Spring. http://www.csls.ca

Lawrence Mishel es un economista y estadístico norteamericano especializado en productividad del trabajo y evolución de los salarios. Es presidente del prestigioso Economic Policiy Institute.

Traducción para www.sinpermiso.info: Vicente Abella


Un comentario en “La brecha entre productividad y salarios reales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s