Represión financiera: el contubernio secreto de banca y gobiernos

Muy interesante el debate que se ha suscitado en los últimos días sobre los tipos de interés reales negativos presentes en buena parte de las economías occidentales. Ya saben que son los que resultan de restar a los tipos nominales o de mercado, según sea el caso, la tasa de inflación. Una discusión que, en mi modesta opinión, llega intelectualmente tarde toda vez que ya hemos visto cómo, en algunas subastas de deuda soberana, se han llegado a cerrar rendimientos nominales ex ante con signo menos, esto es: los inversores han optado por pagar por poseer tales valores (Cotizalia, Alemania coloca por primera vez deuda con intereses negativos, 09-01-2012). Y eso, ¿cómo se come? No se impacienten, ya va.

El inicio de las hostilidades ha correspondido a Carmen Reinhart, coautora junto con Kenneth Rogoff del imprescindible This time is different, libro en el que ambos recorren ocho siglos de crisis financieras, deteniéndose en sus causas y, sobre todo, en sus efectos. Pues bien, a juicio de la economista (Bloomberg, Financial Repression has come back to stay, 12-03-2012), la razón de la persistencia en el tiempo de esta particular circunstancia responde a una suerte de contubernio entre gobiernos, bancos centrales y entidades privadas que ha bautizado como ‘represión financiera’ en la que las rentabilidades bajas y el aumento del coste de la vida juegan un papel esencial. Como objetivo último, la reducción del endeudamiento y del pago público de intereses. Y a los particulares, que les den (CNN Money, How the Fed hurts retirees, 20-03-2012).

Se trataría, por tanto, de crear las condiciones necesarias para que los tipos se mantengan artificialmente bajos, siendo una alternativa políticamente menos costosa que las otras cuatro opciones a las que hicimos referencia en nuestro post de ayer: crecimiento, recortes, inflación o impago (VA, O actuamos sobre el gasto o España se va al carajo, 20-03-2012). Para ello es necesaria la contribución de los reguladores (estos bonos no consumen capital, al ataque), las autoridades monetarias (compras masivas en mercado secundario), incurrir en el proteccionismo financiero (control de flujos y regulación), y penalizar al ahorrador, caso de los límites penalizadores a la rentabilidad de los depósitos fijada en varias circulares en España. Cuanto mayor es la debilidad del emisor, más perentoria se hace la acción de tal conciliábulo.

De hecho, concluye Reinhart que es la debilidad de las finanzas locales de estos estados y sus artificialmente bajos costes de financiación los que debilitan su moneda y les otorga una ventaja competitiva que sus contrapartidas comerciales, especialmente en el ámbito de las naciones emergentes, solo pueden contrarrestar a través, precisamente, de un reciclado de divisas -venta de la suya, compra de la del país débil- que termina beneficiando a los mismos que necesitan conseguir compradores para sus emisiones. Se cierra el círculo. Lo que nos lleva, precisamente, al segundo punto de vista: el encabezado por Martin Wolf (FT, What is the real rate of interest telling us?, 19-03-2012).

El articulista del Financial Times hace un recorrido histórico similar al de su colega pero llega a un veredicto final de inocencia que desmonta cualquier atisbo conspirador: los tipos de interés reales son negativos debido a la burbuja de liquidez existente a nivel mundial gracias a la acumulación de recursos por parte de las nuevas potencias. Todo lo que abunda se devalúa y el precio del dinero, como valor del ahorro, así lo refleja. Si en su día esto se tradujo en un boom crediticio e inmobiliario, hoy la amenaza de la recesión lo dirige hacia los activos libres de riesgo. La intervención de las autoridades, siendo real, pasa desde este punto de vista a un segundo plano. Un ‘problema’ que solo se podrá resolver cuando los estados financiadores pasen a ser importadores netos de capital, como ocurrió con Estados Unidos en el siglo XIX.

Esta última reflexión de Martin Wolf nos lleva de la mano a la tercera de nuestras citas de hoy. Thomas Mayer, economista jefe del DB, habla de la sustitución de la economía del crédito por lo que él bautiza como ‘economía de los bancos centrales’ (DB, Welcome to the CBM Economy, 14-03-2012). Un esquema que busca recuperar la confianza del sistema fiduciario a través de medidas no convencionales que abaraten la financiación en lo que, en su opinión, es un ejemplo palmario de ‘represión financiera’, sic. Vuelta la burra al trigo.

Lo más relevante, para el estratega alemán, es la imposibilidad de una ruptura no traumática de este statu quo cuya permanencia en el tiempo convierte en estructural lo excepcional. De ahí el enorme nerviosismo ante el reciente desplazamiento al alza de la curva de tipos en naciones como Alemania o la propia USA. Y apela, toma ya, a la vuelta a un patrón similar al ‘dólar-oro’ pero ‘cesta de materias primas-divisa china’ como ‘el jugador dominante en la economía mundial’. Si el gigante asiático se convierte en receptor de divisas, ya la tenemos montada pese a las críticas explícitas de Bernanke (Business Insider, Ben Bernanke explains why the world will never see another gold standard, 20-03-2012). Muy lejos o muy cerca que el tiempo tiene un valor relativo a día de hoy. Por cierto, muy interesante la analogía de Clusterstock entre el euro y el patrón oro publicada por Joe Wiesenthal ayer.

Un debate intelectualmente apasionante, no les quepa la menor duda. Que aterriza, de manera consciente o inconsciente, en una cuestión esencial: la vulnerabilidad financiera del mundo desarrollado, bien porque se encuentra en manos de un complot a nivel mundial entre gobiernos, bancos centrales y entidades financieras que busca sanear los balances públicos a costa de los sufridos ciudadanos, bien porque su subsistencia en los términos actuales depende de la voluntad inversora de unos regímenes, cuando menos, dudosos. Nada que no se haya comentado ya, por otra parte. O sí.

Susto o muerte. Pues prefiero… Su turno.

Fuente: Cotizalia

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